Invertir en adaptación al cambio climático: una prioridad para fortalecer la resiliencia rural

El fenómeno del Super Niño hace más evidente la urgencia de fortalecer las capacidades de adaptación de los pequeños productores rurales al cambio climático.

Autor: Zadya Vargas Espindola    Fecha: 11 de septiembre, 2026

Los fenómenos climáticos extremos asociados a la variabilidad climática y al cambio climático están afectando cada vez con mayor frecuencia a los sistemas productivos rurales. En este contexto, la evolución de ‘El Niño’ hacia un evento de mayor intensidad durante 2026-2027 podría agravar condiciones como sequías prolongadas, lluvias irregulares y temperaturas extremas, generando desafíos adicionales para las comunidades que dependen de la agricultura y los recursos naturales para su sustento.

Entre los sectores más vulnerables se encuentran los pequeños productores rurales. Su dependencia de las condiciones climáticas, en particular del temporal para la producción de alimentos y la generación de ingresos, hace que los impactos del cambio climático representen riesgos significativos para sus medios de vida, su seguridad alimentaria y el bienestar de sus familias.

Frente a este escenario, fortalecer la capacidad de adaptación de las comunidades rurales se ha convertido en una prioridad. La adaptación al cambio climático busca reducir la vulnerabilidad de las personas, los ecosistemas y los sistemas productivos mediante acciones que les permitan anticipar, enfrentar y recuperarse de los efectos de un clima cada vez más variable e incierto.

Con este objetivo, el Proyecto SAbERES trabaja con pequeños productores, organizaciones e instituciones locales en distintas regiones de México para promover procesos de adaptación basados en evidencia y construidos de manera participativa. A través de herramientas como los Planes de Adaptación al Cambio Climático (PACC), el proyecto acompaña la identificación de riesgos climáticos y la implementación de medidas orientadas a fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos y los ecosistemas de los que dependen.

La experiencia generada por SAbERES muestra que acciones como la conservación de suelos, el manejo sostenible del agua, la diversificación productiva y la recuperación de funciones ecosistémicas pueden contribuir significativamente a reducir la vulnerabilidad de las familias rurales. De igual forma, el fortalecimiento de capacidades técnicas y organizativas permite mejorar la toma de decisiones frente a escenarios de riesgo climático.

Como parte de este esfuerzo, el proyecto ha desarrollado un Índice de Capacidad Adaptativa que permite identificar fortalezas y áreas de oportunidad para incrementar la resiliencia de las comunidades rurales. La información generada mediante esta herramienta ayuda a comprender mejor los factores que facilitan o limitan la adaptación y proporciona evidencia útil para orientar intervenciones e inversiones más efectivas.

Los aprendizajes derivados de estos procesos también ofrecen elementos valiosos para el diseño e implementación de políticas públicas. Fortalecer la adaptación requiere no solo acciones a nivel de parcela o comunidad, sino también instituciones capaces de incorporar el riesgo climático en la planificación del desarrollo, promover la coordinación entre sectores y orientar recursos hacia las poblaciones más vulnerables.

En este contexto, los avances hacia una Política Nacional de Adaptación al Cambio Climático que lidera el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático representan una oportunidad para fortalecer la resiliencia de los territorios rurales y reconocer el papel estratégico que desempeñan los pequeños productores en la seguridad alimentaria y la conservación de los recursos naturales. Ante un clima cada vez más variable e incierto, la adaptación no debe entenderse como una acción complementaria, sino como una inversión estratégica. Fortalecer la resiliencia de las comunidades rurales frente a los efectos del cambio climático, contribuye a proteger la producción de alimentos, los medios de vida de millones de personas y el desarrollo sostenible de los territorios.

Parcela para siembra de maíz en San Lucas, Michoacán. Créditos: SABERES.

Parcela demostrativa para recuperación de suelo con siembra de nopal y maguey. Créditos: SABERES.

Parcela agroforestal en Oaxaca. Créditos: SABERES.