Diálogo y participación para fortalecer la resiliencia comunitaria

La resiliencia comunitaria comienza con una conversación. Durante dos años, seis ejidos de la cuenca Amanalco–Valle de Bravo han participado en un proceso de diálogo y construcción colectiva para fortalecer la gestión de sus recursos naturales frente al cambio climático. Conoce cómo la comunicación comunitaria se convirtió en una herramienta clave para construir acuerdos y soluciones desde el territorio.

Autor: Jani Rivera Parra    Fecha: 25 de junio, 2026

La comunicación comunitaria es un proceso social basado en el diálogo, la escucha, la confianza, el intercambio de conocimientos y la participación colectiva. Tiene como fin generar cambios significativos y duraderos. La idea es ir de adentro hacia afuera: se inicia en los espacios de encuentro de la comunidad, construyendo acuerdos y fortaleciendo capacidades, para después proyectarse hacia otras organizaciones, autoridades y otros actores vinculados a la gestión del territorio.

Bajo esta visión, desde hace dos años Procuenca, con el apoyo de IKI Small Grants, trabaja junto con seis ejidos de la parte alta de la cuenca Valle de Bravo – Amanalco, Estado de México, en el proyecto Planes Operativos para Comunidades Ejidales Resilientes al Clima. Esta iniciativa busca integrar medidas de adaptación al cambio climático y conservación de la biodiversidad en los procesos de gestión territorial, y así fortalecer  la capacidad de las comunidades para enfrentar los retos ambientales actuales.

La comunicación ha sido un eje transversal del proyecto, al facilitar espacios de reflexión, aprendizaje y construcción colectiva. Todo comenzó con una pregunta fundamental: ¿qué entendemos por bien común? A partir de ella, durante 2024 se desarrollaron diálogos participativos que sirvieron de base para la elaboración de planes operativos acordes con las necesidades y prioridades de cada ejido.

Mediante talleres y ejercicios participativos se realizó un diagnóstico sobre el manejo, aprovechamiento y conservación de los recursos naturales. Este proceso permitió identificar problemáticas, reconocer fortalezas y valorar los beneficios sociales y ambientales asociados al manejo integral del territorio frente al cambio climático. Como resultado, se elaboraron los Planes Operativos Ejidales 2025 para San Jerónimo, San Juan, Agua Bendita, Amanalco, San Bartolo y San Lucas. Esta experiencia nos refuerza la idea de que las herramientas como el diálogo, la participación y el reconocimiento de los saberes locales son tan importantes para la resiliencia comunitaria como las acciones de conservación y restauración ambiental para la conservación de los territorios.

Taller para  ejidos sobre  identificación y prevención de plagas. Habitantes de distintos ejidos de la cuenca Amanalco – Valle de Bravo, Estado de México. Créditos: Fondo Procuenca.

Taller de identificación y prevención de plagas. Habitantes de distintos ejidos de la cuenca Amanalco – Valle de Bravo, Estado de México. Créditos: Fondo Procuenca.

Ejidatarios y brigadas de diferentes ejidos identificando plagas en el bosque. Ejido Agua Bendita, Amanalco, Estado de México. Créditos: Fondo Procuenca.

Diálogo intergeneracional. Taller de identificación y prevención de plagas, ejido Agua Bendita, Amanalco, Estado de México. Créditos: Fondo Procuenca.

Diálogo intergeneracional. Taller de identificación y prevención de plagas, ejido Agua Bendita, Amanalco, Estado de México. Créditos: Fondo Procuenca.